domingo, 11 de noviembre de 2012

El Mensaje del Domingo - Noviembre 11 de 2012

Por: Gabriel Jaime Pérez Montoya, S.J.

La escena que nos presenta hoy el Evangelio sucede en un lugar situado junto a las puertas del Templo de Jerusalén, donde se congregaba la gente para escuchar a Jesús en los días previos a la fiesta de la Pascua después de haber llegado Él a la ciudad con sus discípulos pocos antes de su pasión. Meditemos sobre las enseñanzas que nos trae este relato, teniendo en cuenta también las otras lecturas de este domingo: [I Reyes 17, 10-16, Salmo 146 (145), Hebreos 9, 24-28].

 + 1. La soberbia de quienes se creen mejores va unida siempre a la hipocresía

En este relato, como en otros pasajes de los Evangelios, Jesús les echa en cara su soberbia e hipocresía a los doctores de la Ley pertenecientes al grupo de los fariseos, un término que significa originariamente separados o segregados y que ellos se aplicaban a sí mismos para indicar que eran distintos de los demás por ser cumplidores de la Ley de Dios, e incontaminados porque no se juntaban con los pecadores. Su actitud arrogante, que los llevaba a aprovecharse de sus conocimientos y de su poder para oprimir y explotar a los demás, iba siempre acompañada de un comportamiento hipócrita que ocultaba sus intenciones torcidas.

La soberbia es el primero de los siete “pecados capitales”. Esta palabra proviene del término latino superbia y es la actitud propia de quienes se creen superiores a los demás y se la pasan engañando a la opinión con el disfraz de las apariencias. Por eso Jesús en el Evangelio nos invita a todos, cualquiera que sea nuestra posición en la sociedad, a revisar nuestras actitudes y comportamientos y a rechazar tanto en nosotros como en los demás tanto la tentación de la soberbia como la de la hipocresía que siempre la acompaña. Porque las personas arrogantes son a su vez mentirosas: se cuidan mucho de aparentar ante los demás, preocupándose constantemente por el “qué dirán”, interesados más por la opinión que tenga la gente de ellas que por hacer realmente el bien.

 + 2. La ostentación del poder y las riquezas es un insulto a los pobres

Otra de las enseñanzas que nos trae el Evangelio es que la ostentación constituye un insulto a los pobres. Esta realidad ha existido siempre, pero hoy reviste una diferencia significativa: actualmente el insulto de la opulencia a los desposeídos tiene repercusiones mucho mayores, de una parte porque con frecuencia los medios de comunicación operan como cajas de resonancia del culto al lujo y a las apariencias, y de otra porque el sistema económico imperante ha venido ensanchando cada vez más la brecha entre unos pocos que se hacen cada vez más ricos y poderosos y ostentan descaradamente su pretendida omnipotencia, y otros muchos que se sumen cada vez más en la miseria y constituyen la masa creciente de los marginados y excluidos.

A lo anterior se agrega la prepotencia de quienes creen que por tener algún tipo de poder valen más que los demás y explotan a quienes someten a su servicio. Así obran los jefes políticos, empresarios e incluso líderes religiosos que se aprovechan de los pobres para su propio beneficio personal, buscando satisfacer sus intereses egoístas. Y asimismo se comportan los violentos: ejercen un dominio despótico sobre las personas a las que consideran inferiores, como es el caso de los capos narcotraficantes, guerrilleros, paramilitares y demás especímenes de la delincuencia.

 + 3. Vale mucho más darnos a nosotros mismos que dar de lo que nos sobra

Esta es la que podríamos considerar la “moraleja” final del relato evangélico de este domingo. La verdad que ella encierra también es aplicable a todos los tiempos. La ofrenda hecha por aquella pobre viuda que a duras penas sobrevive en medio de una pobreza extrema, es una lección que Jesús quiere hacer notar a quienes creen que están haciendo el bien al dar ostentosamente y con mucha publicidad de lo que les sobra, y por ello esperan ser reconocidos como grandes benefactores.

La enseñanza que Jesús nos da a partir del ejemplo de la viuda, y que como nos cuenta la primera lectura tiene su antecedente en la actitud generosa de aquella otra mujer, también viuda, que compartió con el profeta Elías lo muy poco o casi nada que tenía (I Reyes 17, 10-16), constituye una invitación a todos nosotros, cualquiera que sea nuestra condición económica o posición en la sociedad, a estar dispuestos siempre a compartir no sólo dando de lo que nos sobra, sino entregándonos a nosotros mismos, sea cual sea nuestra condición económica, con un compromiso real para contribuir a la construcción de una sociedad en la que todos nos reconozcamos efectivamente como iguales en dignidad y en derechos, porque somos hijos e hijas de un mismo Creador, el mismo que quiere, con nuestra colaboración, hacer justicia a los oprimidos, como dice la primera estrofa del Salmo 146.

Jesús mismo es en definitiva nuestro modelo en ese ofrecimiento total de sí mismo en sacrificio por toda la humanidad, tal como nos lo presenta hoy el texto de la segunda lectura (Hebreos 9, 24-28). Que Dios, nuestro Creador y Padre, por la mediación redentora de su Hijo Jesucristo, renueve en cada uno de nosotros la acción del Espíritu Santo para que nos mueva a la verdadera humildad con la disposición a ofrecernos y darnos a nosotros mismos, comprometiéndonos sinceramente en la construcción de una sociedad en la que todos nos reconozcamos como hijos e hijas de Dios y obremos en consecuencia con este reconocimiento.-


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domingo, 4 de noviembre de 2012

Domingo 31 del Tiempo Ordinario Ciclo "B" - 4 de Noviembre de 2012 -

1ª Lectura (Dt 6, 2-6)

Lectura del libro del Deuteronomio
En aquellos días, habló Moisés al pueblo y le dijo: “Teme al Señor, tu Dios y guarda todos sus preceptos y mandatos que yo te transmito hoy a ti, a tus hijos y a los hijos de tus hijos. Cúmplelos  siempre y así prolongarás tu vida. Escucha, pues Israel: guárdalos y ponlos en práctica, para que seas feliz y te multipliques. Así serás feliz, como ha dicho el Señor. El Dios de tus padres, y te multiplicarás en una tierra que mana leche y miel. Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tú Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas. Graba en tu corazón los mandamientos que hoy te he  transmitido”. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial (17)

R. Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza.
L. Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza. El Dios que me protege y me libera. /R.
L. Tú eres mi refugio, mi salvación, mi escudo, mi castillo. Cuando invoqué al Señor de mi esperanza, al punto me libró de mi enemigo. /R.
L. Bendito seas, Señor, que me proteges; que tú mi salvador, seas bendecido. Tú que concediste al rey grandes victorias y mostraste tu amor a tu elegido. /R.

2ª Lectura (Heb 7, 23-28)

Lectura de la Carta a los hebreos
Hermanos: Durante la antigua alianza, hubo muchos sacerdotes, porque la muerte les impedía permanecer en su oficio. En cambio Jesús tiene un sacerdocio eterno, porque él permanece para siempre. De ahí que sea capaz de salvar, para siempre, a los  que por su medio se acercan a Dios, ya que vive eternamente para interceder por nosotros. Ciertamente que un sumo sacerdote como éste era el que nos convenía: santo, inocente, inmaculado, separado de los pecadores y elevado por encima de los ciegos; que no necesita, como los demás sacerdotes, ofrecer diariamente víctimas, primero por sus pecados y  después  por los del pueblo, porque esto lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. Porque  los sacerdotes constituidos por la ley eran hombres  llenos de fragilidades, pero el sacerdote constituido por las palabras del juramento posterior a la ley, es el Hijo eternamente perfecto. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio (Jn 14, 23)

R. Aleluya, aleluya.- El que me ama cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y haremos en él nuestra morada, dice el Señor. R. Aleluya.

Evangelio (Mc 12, 28-34)

Lectura del santo Evangelio según san Marcos
A. Gloria a ti, Señor. En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál  es el primero de todos los mandamientos?” Jesús le respondió: “Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento mayor que éstos.”. El escriba replicó: “Muy bien Maestro. Tienes razón, cuando  dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo  como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios”. Jesús, viendo que había hablado muy sensatamente, le dijo: “No estás lejos del Reino de Dios”. Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas. Palabra del Señor. A. Gloria a ti Señor Jesús.


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“Ningún mandamiento es más importante que estos” - Noviembre 04 de 2012

por: Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Desde los tiempos de Jesús, las personas han querido separar los dos mandamientos más importantes de la ley de Dios. O aman a Dios sobre todas las cosas, viviendo una espiritualidad exclusivamente vertical, o aman sólo a su prójimo, viviendo una espiritualidad exclusivamente horizontal. Hay una historia que puede ayudarnos a entender lo funesto que puede resultar separar estos dos vectores que deben coexistir simultáneamente en nuestra espiritualidad: Creer en Dios es creer en los hermanos/as y desearles lo mejor; y creer en los hermanos/as y desearles lo mejor, es también creer en Dios.

Cuentan que un hombre fue a una peluquería a cortarse el cabello y recortarse la barba. Como es costumbre en estos casos, entabló una amena conversación con la persona que le atendía. Hablaron de muchas cosas y tocaron muchos temas. De pronto tocaron el tema de Dios. El peluquero dijo: – Fíjese, caballero, que yo no creo en la existencia de Dios, como usted afirma. – Pero, ¿por qué dice usted eso? – preguntó el cliente. – Pues es muy fácil, – respondió el peluquero – basta con salir a la calle para darse cuenta de que Dios no existe. O dígame, ¿si Dios existiera, habría tantos enfermos, habría niños abandonados, y tanto sufrimiento en este mundo? No puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas. El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder para evitar una discusión con un hombre que pasaba a cada momento su navaja afilada muy cerca de su garganta...

El peluquero terminó su trabajo y el cliente salió del negocio. Apenas dejaba la peluquería, cuando vio en la calle a un hombre con la barba y el cabello largos, que parecía no haber visitado una peluquería hacía mucho tiempo. Entonces, el hombre entró de nuevo a la peluquería y le dijo al peluquero: – ¿Sabe una cosa? Acabo de darme cuenta de que los peluqueros no existen. – ¿Cómo que no existen? – preguntó el peluquero –. Si aquí estoy yo y soy peluquero. – ¡No!, Dijo el cliente, no existen porque si existieran, no habría personas con el pelo así y la barba tan larga como la de ese hombre que va por la calle. – ¡Ahh!, los peluqueros sí existen, lo que pasa es que esas personas no vienen hacia mí. ¡Exacto! – Dijo el cliente. – Ese es el punto. Dios si existe, lo que pasa es que las personas no van hacia El y no le buscan, por eso hay tanto dolor y miseria en este mundo.

Cuestionar la existencia de Dios porque hay dolor y sufrimiento en el mundo es olvidarse que nuestra fe en Dios exige, precisamente, que nos ocupemos de los demás, como Dios quiere. Y que en la medida en que nosotros colaboramos con la obra de Dios, que es construir seres humanos plenos, según la estatura de Jesús, estamos haciendo creíble la fe en este Dios. No podemos separar la fe en Dios del mandamiento de la caridad para con nuestro prójimo; pero tampoco podemos separar la caridad con nuestro prójimo, de la fe en Dios. Esto es lo que Jesús quería resaltar cuando le responde al maestro de la ley que nos presenta el Evangelio hoy. Por tanto, deberíamos decir, con este maestro: “Muy bien, Maestro. Es verdad lo que dices: hay un solo Dios, y no hay otro fuera de él. Y amar a Dios con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios que se queman en el altar”. Sólo así, podremos escuchar de Jesús aquello de “No estás lejos el reino de Dios”. Estaremos cerca del reino de Dios si no separamos estos dos mandamientos.


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domingo, 28 de octubre de 2012

Domingo 30 del Tiempo Ordinario Ciclo "B" - 28 de Octubre de 2012 -

1ª Lectura (Jer 31, 7-9)

Lectura del libro del profeta Jeremías
Esto dice el Señor: “Griten de alegría por Jacob, regocíjense por el mejor de los pueblos; proclamen, alaben y digan: ‘El Señor ha salvado a su pueblo, al grupo de los sobrevivientes de Israel’. He aquí que yo los hago volver del país del norte y los congrego desde los confines de la tierra. Entre ellos vienen el ciego y el cojo, la mujer encinta y la que acaba de dar a luz. Retorna una gran multitud; vienen llorando, pero yo los consolaré y los guiaré: los llevaré a torrentes de agua por un camino llano en el que no tropezarán. Porque yo soy para Israel un padre y Efraín es mi primogénito”. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial (125)

R. Cosas grandes has hecho por nosotros, Señor.
L. Cuando el Señor nos hizo volver del cautiverio, creíamos soñar; entonces no cesaba de reír nuestra boca ni se cansaba entonces la lengua de cantar. /R.
L. Aún los mismos paganos  con su asombro decían: “¡Grandes cosas ha hecho por ellos el Señor!” Y estábamos alegres, pues ha hecho grandes cosas por su pueblo el Señor. /R.
L. Como cambian los ríos de la suerte del desierto, cambia también ahora nuestra suerte, Señor, y entre gritos de júbilo cosecharán aquellos que siembran con dolor. /R.
L. Al ir, iban llorando, cargando la semilla; al regresar, cantando vendrán con sus gavillas. /R.

2ª Lectura (Heb 5, 1-6)

Lectura de la Carta a los hebreos
Hermanos: Todo sumo sacerdote es un hombre escogido entre los hombres y está constituido para intervenir a favor de ellos ante Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. El puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. Por eso así como debe ofrecer sacrificios por los pecados del pueblo, debe ofrecerlos también por los suyos propios. Nadie puede apropiarse ese honor, sino sólo aquel que es llamado por Dios, como lo fue Aarón. De igual manera, Cristo no se confirmó a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote; se la otorgó quien le había dicho: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. Como dice otro pasaje de la Escritura: Tú eres sacerdote eterno, como Melquisedec. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio (2Tim 1, 10)

R. Aleluya, aleluya.- Jesucristo, nuestro salvador, ha vencido a la muerte y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio. R. Aleluya.

Evangelio (Mc 10, 46-52)

Lectura del santo Evangelio según san Marcos
A. Gloria a ti, Señor. En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó en compañía de sus discípulos y de mucha gente, un  ciego, llamado Bartimeo, se hallaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que el que pasaba era Jesús Nazareno, comenzó a gritar: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!”. Muchos lo reprendían para que se callara, pero él seguía gritando todavía más fuerte: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!”.  Jesús se detuvo entonces y dijo “Llámenlo” y llamaron al ciego, diciéndole: “¡Animo! Levántate, porque Él te llama”. El ciego tiró su manto; de un salto se puso en pié y se acercó a Jesús. Entonces le dijo Jesús: “¿Qué quieres que haga por ti?” El ciego le contestó: “Maestro, que  pueda ver”. Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado”. Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino. Palabra del Señor. A. Gloria a ti Señor Jesús.


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Ser positivos en medio de las dificultades - Octubre 28 de 2012

Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

• Lecturas:
  - Profeta Jeremías 31, 7-9
  - Carta a los Hebreos 5, 1-6
  - Marcos 10, 46-52

• En medio de la riqueza de temas teológicos que nos ofrece la liturgia de hoy, hemos escogido, como tema de meditación, el mensaje de optimismo y gozo que transmite el profeta Jeremías en la primera lectura, y que se expresa en hermosa oración en el Salmo 125.

• Para captar la profundidad del mensaje positivo de Jeremías, es necesario ubicarlo en su momento histórico, que fue muy difícil:
  - El profeta nace hacia el año 645 AC, y fue testigo del deterioro político y religioso que condujo a la ruina al reino de Judá. El momento más dramático se vivió en el 587 AC, cuando los ejércitos caldeos se apoderaron de Jerusalén, incendiaron el Templo y el pueblo fue deportado.
  - A través de sus escritos, Jeremías buscó que los dirigentes reaccionaran ante las amenazas que acorralaban al pueblo. Pero sus esfuerzos fueron en vano.

• Por eso llaman la atención los capítulos 30 y 31 de sus escritos – el texto que hemos leído hoy pertenece al capítulo 31 -, que en una forma poética comunican un sentido mensaje de consolación y optimismo. ¿Cómo es posible utilizar este lenguaje en medio de la destrucción de la guerra?

• Dice el profeta: “Griten de alegría por Jacob, regocíjense por el mejor de los pueblos; proclamen, alaben y digan: El Señor ha salvado a su pueblo, al grupo de los sobrevivientes de Jerusalén. Vienen llorando, pero yo los consolaré y los guiaré; los llevaré a torrentes de agua por un camino llano en el que no tropezarán”.

• ¿Cómo es posible que Jeremías escriba estas palabras de consolación mientras el reino de Judá saltaba en mil pedazos? La razón es simple: Jeremías es mucho más que un testigo de los acontecimientos socio-políticos; sus escritos no son las crónicas de un periodista de guerra.

• Jeremías es un hombre de fe capaz de descubrir, en medio del humo de los incendios y de los gritos de los deportados, un sentido; sabe que el Dios de la alianza está junto a ellos y que cumplirá sus promesas.

• La fe de Jeremías, anclada en la Alianza inconmovible entre Dios y su pueblo, le permite pronunciar palabras de consolación y optimismo. Esto mismo lo expresa hermosamente el Salmo: “Como cambian los ríos la suerte del desierto, cambia también ahora nuestra suerte, Señor, y entre gritos de júbilo cosecharán aquellos que siembran con dolor”.

• El profeta Jeremías invita a sus contemporáneos a hacer una lectura integral de los acontecimientos que están viviendo para no dejarse agobiar por el peso de un presente insoportable. Con frecuencia, la magnitud de una crisis oscurece nuestra capacidad de juicio. En Israel, los profetas prestaron un gran servicio a la comunidad ayudando a leer el presente teniendo como referencia su historia, en la que Dios se había manifestado en los momentos cruciales; esta perspectiva permitía leer el presente en clave diferente, y mirar con esperanza el futuro.

• ¿Qué nos dice a nosotros este mensaje positivo del profeta Jeremías? Para responder a esta pregunta, los invito a hacer algunas sencillas consideraciones sobre la educación y la espiritualidad:
  - En pedagogía, hay un concepto muy interesante, el de la tolerancia a la frustración. Con estas palabras se designa el desarrollo de actitudes que permitan afrontar exitosamente las situaciones de fracaso, que necesariamente nos acompañarán a lo largo de la vida. Pensemos, por ejemplo, en situaciones muy frecuentes: una mala nota en un examen, un disgusto en la familia, la pérdida del trabajo, etc. Hay personas que se derrumban ante estas situaciones. ¿Por qué vemos tantas personas frágiles? Porque una educación equivocada las acostumbró a que sus deseos eran órdenes y todo tenían que marchar a su gusto; la vida se encarga de mostrar que la realidad es diferente. Por lo tanto, si los padres de familia no educan a sus hijos de manera que sean capaces de afrontar con ánimo positivo los fracasos y disgustos que trae la vida, cuando sean adultos se sentirán profundamente infelices e incapaces de reaccionar.
  - La tolerancia a la frustración permitirá ver las dificultades no como algo destructor, sino como una oportunidad de revisar procesos, clarificar relaciones, ajustar decisiones. En sí mismas, las crisis no son buenas o malas; todo depende de cómo salgamos de ellas, destrozados o fortalecidos.
  - La fe nos invita a descubrir el plan de Dios en nuestra vida; en medio de las dificultades debemos preguntarnos ¿qué nos está mostrando Dios?
  - En los cursos en los que se prepara a los papás y a los padrinos para el bautizo de los niños, se les dice que por las aguas bautismales participamos de la Pascua del Señor, es decir, del misterio de su muerte y resurrección. Esta afirmación adquiere todo su sentido cuando surgen las crisis; veámoslas como una participación de la Pascua del Señor, como oportunidades de crecimiento personal y espiritual, de manera que cada día nos identifiquemos más con Cristo.

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domingo, 21 de octubre de 2012

Domingo 29 del Tiempo Ordinario Ciclo "B" - 21 de Octubre de 2012 -

1ª Lectura (Is  53, 10-11)

Lectura del libro del profeta Isaías
El Señor quiso triturar a su siervo con el sufrimiento. Cuando entregue su vida como expiación, verá a sus descendientes, prolongará sus años y por medio de él prosperaran los designios del Señor. Por las fatigas de su alma, verá la luz y se saciará; con sus sufrimientos justificará mi siervo a muchos, cargando con los crímenes de ellos. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial (32)

R. Muéstrate bondadoso con nosotros, Señor.
L. Sincera es la palabra del Señor y todas sus acciones son leales. Él ama la justicia y el derecho; la tierra llena está de sus bondades. /R.
L. Cuida el Señor de aquellos que le temen y en su bondad confían; los  salva de la muerte y en épocas de hambre les da vida. /R.
L. El Señor es nuestra esperanza, pues él es nuestra ayuda y  nuestro amparo. Muéstrate bondadoso con nosotros, puesto que en ti, Señor,  hemos confiado. /R.

2ª Lectura (Heb  4, 14-16)

Lectura de la Carta a los hebreos
Hermanos: Puesto que Jesús, el Hijo de Dios, es nuestro sumo sacerdote, que ha entrado en el cielo, mantengamos firme la profesión de nuestra fe. En efecto, no tenemos un sumo sacerdote  que no sea capaz de compadecerse de nuestros sufrimientos, puesto que él mismo ha pasado por las  mismas pruebas que nosotros, excepto el pecado. Acerquémonos, por tanto, con plena confianza al trono de la gracia, para recibir misericordia, hallar la gracia, y obtener ayuda en el momento oportuno. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio (Mc 10, 45)

R. Aleluya, aleluya.- Jesucristo vino a servir y a dar su vida por la salvación de todos. R. Aleluya.

Evangelio (Mc 10, 35-45)

Lectura del santo Evangelio según san Marcos
A. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron: “Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte”. El les dijo:” ¿Qué es lo que desean?”  Le respondieron: “Concede que nos sentemos uno  a tu derecha y otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria”. Jesús les replicó: No saben lo que piden. ¿Podrán  pasar la prueba que yo voy a pasar y recibir el bautismo con que seré bautizado? Le respondieron: “sí podemos”. Jesús les dijo: “Ciertamente pasarán las pruebas que yo voy a pasar  y recibirán el bautismo con que yo seré bautizado; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, eso es para quienes está reservado”. Cuando los otros diez apóstoles oyeron esto, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús reunió entonces a los Doce y les dijo: “Ya saben que los jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños y los poderosos las oprimen. Pero no debe ser así entre ustedes. Al contrario: el que quiera ser grande entre ustedes que sea su servidor, y el que quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos, así como el Hijo del hombre, que no ha venido a que lo sirvan, sino a servir y a dar su vida por la redención de todos”. Palabra del Señor. A. Gloria a ti Señor Jesús.


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Mensaje del Domingo - Octubre 21 de 2012

por: Gabriel Jaime Pérez Montoya, S.J.

Hoy el Evangelio se centra en el tema de la disposición a servir que exige el seguimiento de Jesús. Desentrañemos el significado que tiene para nosotros lo que nos dice Jesús, teniendo en cuenta también las otras lecturas bíblicas de este domingo.

 + 1.- “Ustedes no saben lo que piden. ¿Pueden beber el trago amargo que yo voy a beber, y recibir el bautismo que yo voy a recibir?”

Jesús acababa de anunciarles tres veces a sus discípulos que iba a padecer y a morir en la cruz, y que después resucitaría. Pero ellos no habían entendido nada. Imaginaban su resurrección como una vuelta a la vida terrena para restablecer el poder político que había tenido Israel diez siglos antes, en los reinados de David y Salomón. De ahí la petición de Santiago y Juan: estar junto a su trono para ser los más importantes.

Después de decirles lo equivocados que están, Jesús les pregunta si son capaces de beber el cáliz que Él va a beber y de recibir el bautismo con que Él va a ser bautizado. La imagen de beber la el cáliz o la copa significa pasar un trance difícil -un trago amargo-, y la del bautismo significa la inmersión en el agua para renacer a una vida nueva. Para los cristianos, este rito es un signo del misterio pascual de Jesús, quien se sumergió en la experiencia de la pasión y muerte de cruz para pasar a la vida eterna y hacer posible este paso a toda persona que quiera de verdad identificarse con Él.

 + 2.- “El que quiera ser grande entre ustedes, deberá servir a los demás”

Esta enseñanza que los Evangelios de Marcos y Mateo sitúan en relatos muy similares durante el transcurso del camino de Jesús de Jericó a Jerusalén, es presentada por el de Lucas al comenzar la última cena la víspera de su pasión, cuando se entabla una discusión entre los discípulos sobre quién debe ser considerado el más importante. Jesús entonces les dice: (…) el que manda tiene que hacerse como el que sirve. Pues ¿quién es más importante, el que se sienta a la mesa a comer o el que le sirve? ¿Acaso no lo es el que se sienta a la mesa? En cambio, yo estoy entre ustedes como el que sirve” (Lc 22, 24-27). Y en el Evangelio de Juan encontramos la misma enseñanza: después de lavarles los pies a sus discípulos, Jesús les explica el significado de ese gesto: “(…) si yo, el Maestro y Señor, les he lavado a ustedes los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado ejemplo, para que ustedes hagan unos con otros lo mismo que yo he hecho con ustedes” (Jn 13, 13-15).

Esta enseñanza es diametralmente opuesta a la mentalidad de quienes conciben el poder como estar por encima de los demás para someterlos a su servicio. Por eso, a la luz del ejemplo de Jesús, quienquiera que tenga una posición de autoridad, sea como padre o madre de familia, como educador o educadora, como jefe en una organización o como líder de un grupo, de una comunidad o de una colectividad, debe preguntarse si está ejerciendo esa autoridad con una auténtica disposición a servir para el bien de todos, o con la actitud egoísta de quien sólo busca su propio interés y provecho personal.

 + 3.- “El Hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida…”

Jesús se refiere a los jefes que se creen con derecho a gobernar como tiranos a sus súbditos, para señalar el contraste entre quienes buscan ser servidos como dueños de los demás y quienes quieran seguirlo a Él dispuestos a servir y a dar su vida en aras de un futuro mejor para todos. Este contraste resulta muy significativo en nuestra situación actual, cuando no pocos políticos y empresarios se dejan llevar por la ambición y la embriaguez arrogante del poder con el ánimo de dominar y esclavizar a los demás. Pero también podemos aplicar esta enseñanza de Jesús a las instituciones o comunidades en las que cada cual busca su propia cuota de poder y de reconocimiento sin importarle el bien de los demás, e incluso dividiendo a la gente con intrigas y destruyendo el clima organizacional en aras del propio interés egoísta.

Contrariamente a esta actitud, Jesús anuncia que Él ha venido a servir y a entregar su propia vida para la redención de muchos. Se cumplen así las profecías del libro de Isaías contenidas en los “poemas del siervo -o servidor- de Yahvé”. En la primera lectura, que corresponde a uno de esos poemas (Isaías 53, 10-11), leemos que “su siervo (…) se entregó en reparación por los pecados”. Este es el sentido del misterio pascual de Cristo que se actualiza en el sacrificio de la Misa. Asimismo, el verdadero servidor se identifica con la situación y las necesidades de los demás, haciéndolas suyas. En este sentido, el Evangelio de hoy guarda también una estrecha relación con lo que dice la segunda lectura (Hebreos 4, 14-16): Jesús no fue insensible a nuestra debilidad; al contrario, se sometió a toda clase de pruebas, haciéndose igual a nosotros en todo menos en el pecado, para rescatarnos del mal.

 + Conclusión

Este domingo, Día Mundial de las Misiones, somos invitados a colaborar con nuestra ofrenda en la tarea evangelizadora de la Iglesia, y a pedir por quienes proclaman a Jesús en territorios y ambientes difíciles donde Él es desconocido o ha sido olvidado. Apoyemos con nuestros aportes la labor misionera de la Iglesia, y pidámosle al Señor que esa labor sea un testimonio efectivo de servicio, sin autoritarismos ni prepotencias, a imagen y semejanza de Aquél que no vino a ser servido sino a servir.


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